viernes, 3 de noviembre de 2017

LEER CONTRA LA NADA

Antonio Basanta, durante muchos años editor y después director general de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, nos acaba de hacer un magnífico regalo, un libro, Leer contra la nada (Siruela). Es un texto magnífico, muy bien escrito, que no solo manifiesta la viva pasión lectora del autor sino también una aguda perspicacia para penetrar en lo que pasa en el alma de un lector y en lo que representa leer. Solo quien lo vive es capaz de transmitirlo de esa manera. Seguramente él es una de las personas que ha dedicado más esfuerzos a que sus conciudadanos leamos y que más ha reflexionado sobre la necesidad de leer para mantener una sociedad despierta.
A Antonio lo he ido viendo muy de tarde en tarde, pero siempre lo he percibido como un amigo. Y siempre me ha impactado su generosidad. A pesar de haber sido siempre una persona muy atareada y comprometida con su trabajo hasta la extenuación, me ha hecho sentirme próximo. No pùedo tener para él más que palabras de agradecimiento y quiero dejar constancia aquí de este sentimiento.
En un momento en que recoge vivas reflexiones en breves textos, transcribe un aforismo que dice que recogió en una de las bibliotecas de Bogota: “Quien lee no está haciendo algo; se está haciendo alguien.”
Sin acertar nunca a formularlo con concisión y la agudeza de un aforismo, hace muchos años que participo de esta idea. No sé calibrar hasta qué punto lo que percibo que soy lo debo mis lecturas, pero ciertamente es así. Sobre todo les debo la pervivencia en mí de una curiosidad que a muchos otros les matan los años. Cuando creo que tengo respuestas para ciertos interrogantes, leo un nuevo libro y me doy cuenta de que me han cambiado las preguntas. Debo comenzar a buscar nuevas respuestas.

Ese es el espíritu que alienta en este libro, que en la lectura tenemos la mejor manera de conjurar el vacío de la nada. A esto supongo que quiere aludir el título. Esto lo va diciendo de mil maneras. Una de ellas muy pertinente es esta: “Mujeres y hombres no somos sino seres errantes en busca de comprensión. Comprender lo que nos rodea. Comprendernos a nosotros mismos. (E intentar que  nos comprendan).”

jueves, 14 de septiembre de 2017

LA LECTURA, PRÁCTICA INICIÁTICA

En este momento en la maquinaria social subyace la idea que sociólogos como Zygmunt Bauman han analizado en el campo de la sociología, la desaparición del sujeto: «La idea que prevalece en este momento en las universidades es la de evitar las ideas (…) La clave reside en reducir el papel de lo que es individual hasta anularlo». Se dedican a formar “técnicos”.
No siempre fue así. Por ejemplo, Ricardo Piglia, refiriéndose a la formación del Che Guevara, escribe en su libro El último lector: «Hay una tensión prepolítica en la búsqueda de sentido en Guevara. (…) De hecho, ha llegado hasta ahí también porque ha vivido su vida a partir de cierto modelo de experiencia que ha leído y que busca repetir y realizar.» Viene a decir que, de alguna manera, la lectura literaria ha sustituido a la enseñanza religiosa en la construcción de una ética personal.
Los textos literarios han acumulado valiosísima experiencia social que merece ser preservada y trasmitida. Cada vez que se lee un texto que contenga esa experiencia naturalmente se trasmite. Hay ejemplos muy claros. El poeta ruso Ossip Mandelstam, antes de morir en un campo de concentración de Siberia en tiempos de Stalin, se consuela leyendo a Virgilio a sus compañeros de exilio.
En el Che Guevara esta es una pretensión buscada conscientemente. Procede de una familia burguesa pero quiere convertirse en revolucionario. Para ello necesita ser un nuevo sujeto. Los rasgos de personalidad que trata de poseer los busca en los libros. La lectura acompaña y anima esa metamorfosis. Estando en Sierra Maestra sometido a ataques de asma reclama un inhalador y un libro. Los dos tienen la misma función, reanimar el cuerpo o el espíritu.

Lo que el lector descubre en los libros son modelos para su iniciación. O sea, la lectura es una práctica iniciática. 

martes, 13 de junio de 2017

QUÉ ME HA DADO LA LECTURA

Tal vez me engaña el apego que tengo a la lectura pero los beneficios que le atribuyo son muchos. La lectura ha sido el elemento más determinante de mi vida. Me gustaría que otras personas los descubrieran. He espigado ideas de personas que atribuyen a esta actividad efectos que yo también veo en ella. Ahora son también mis ideas. Las he resumido en un breve sumario. Ya sé que hay quien dice que la lectura no engorda, ni da la felicidad… Allá cada uno con el balance que hace de su dedicación a este misterioso empeño solitario. A mí me ha compensado mucho.
-La lectura ha expandido mi yo de manera que he ido adoptando identidades más ricas que las que me concedió la biología y mi propia biografía.
-La lectura ha desarrollado y perfeccionado mi lenguaje. Si la inteligencia puede llegar hasta donde llega el lenguaje, puedo decir que tengo un recorrido más amplio que el que pude soñar.
-La lectura me ha entregado enigmas del pasado con los que he podido encarar los enigmas del presente y las aspiraciones del futuro con más inteligencia.
-La lectura me ha despertado nuevos intereses. Lo que ha impedido la esclerotización de la rutina que es la peor vejez.
-La lectura me ha abierto caminos a la creatividad y ha dado alas a mi fantasía.
- La lectura ha afinado mi capacidad de juicio porque me ha ayudado a madurar el pensamiento.
-La lectura ha aumentado mi bagaje cultural. Me ha puesto en contacto con personas, lugares, culturas que no hubiera tenido oportunidad de conocer directamente.
-La lectura me ha ayudado a penetrar en mí mismo. Muchos secretos de mi interior no se me habrían desvelado con esa herramienta que me ayuda a leer en la confusi´ñon y en la oscuridad de mi interior.
-La lectura ha enriquecido mis relaciones humanas. Las conversaciones, los contactos han tenido más peso gracias a la comunicación de descubrimientos hechos a través de la lectura.
­-La lectura me ha entretenido. Pero me ha entretenido ofreciéndome más que pura distracción elementos de atracción enriquecedores que también me entretenían.
-La lectura ha roto barreras de incomprensión y de prejuicios que me han ayudado a valorar lo que a veces, por ignorancia, despreciaba.
-La lectura ha afinado mis valores morales, aquilatándolos. A través de las lecturas he conocido modelos de vida que me han conmovido y me han impulsado a la imitación.

-La lectura me ha transformado en alguna medida. Me ha hecho disfrutar y sufrir.   

sábado, 18 de febrero de 2017

UN ROBERTO INNOCENTI POCO "INOCENTE"

Para evitar malentendidos advierto que uso inocente en el sentido de ingenuo.
Antes de abrir un libro que te ha atraído por el título, por el autor o por las promesas del contenido, te topas a veces con ciertas señales que te dan muchas claves de la carga que llevan. Esas señales acicatean el deseo de leer o lo frenan.  
No hace mucho cayó en mis manos el libro de Rossana Dedola, Roberto Innocenti. El cuento de mi vida. Editorial Kalandraka. Me atrajo el tema porque siempre me han interesado las ilustraciones de Innocenti. Además, la edición es excelente.  
Al ojear la contracubierta descubrí que el editor lo había colocado en una colección titulada Puntos Cardinales, palabras que resaltaban sobre una brújula. Esa pista me hizo ver que el editor presentaba la obra del ilustrador italiano, uno de los grandes autores de libros infantiles y Juveniles de nuestro tiempo, como un hito para ayudarnos a no perder el norte. Me hizo empezar a leer con más gusto. El libro no me defraudó. Lo leí de un tirón.
La autora hace que Innocenti cuente su trayectoria humana y artística en primera persona contestando a las preguntas que ella, profesora de la Escuela Internacional de Psicología Analítica de Zurick, le formula. Ya conocía al autor pero me daba ordenadamente las claves biográficas, estéticas e ideológicas que me ayudaron a entender mejor su trayectoria.
En este formato simple, periodístico, pero muy eficaz por la buena graduación de las preguntas aglutinadas por temas, Innocenti va desgranando sus inicios, los retos que le van surgiendo, el periplo tanto vital como artístico que le obliga incluso a salir de su espacio de confort, su país, Italia, las encrucijadas incluidas las ideológicas que marcan su historia y las opciones que toma ante ellas…
No es el lugar para analizar el libro. Solo quiero resaltar una idea. Ni el autor está infantilizado ni él infantiliza su tarea aunque la dedique en gran parte a los niños. A menudo, advierto con cierto incomodo que autores de libros infantiles –escritores e ilustradores-, con la excusa de que se dirigen a los niños, muestran una inmensa superficialidad. Dan la impresión de vivir al margen del mundo que les rodea, como si flotaran en una nube blanca en el cielo azul. Innocenti, por el contrario, muestra que las obras que crea han de estar lo más cercanas posible a la sensibilidad y a la comprensión de los niños lectores, pero él, el autor, se muestra armado de los mejores recursos técnicos e intelectuales. Este es el camino. Y esta la lección de este insigne autor.

El creador de libros para niños no puede ser ingenuo, ni superficial, ni ignorante. Tendrá que ser capaz de explicar dónde sitúa su obra como artista en el contexto del arte de su época y habrá de ser capaz de dar razón del porqué de la tarea que desarrolla en el contexto social en que trabaja.  

martes, 10 de enero de 2017

LEER ES REMEMORAR

Avanzar en la vida es ir elaborando el relato de la propia aventura vital. El que se conforma con un pobre relato va repitiendo los mismos gestos, las mismas acciones, las mismas valoraciones y va tomando las mismas posturas ante todo lo que acontece. A veces, incluso esos gestos y acciones ni siquiera son propios y que son imitación de personas de su entorno. El resultado es una vida rutinaria y sin relieve.
El relato se construye a partir de la memoria. No es invención pura. La memoria acumula lo vivido personalmente y lo vivido por otros. Estos otros son aquellos con los que hemos tenido contacto directo y los que conocemos a través de los textos escritos. Estos últimos pueden ser mucho más numerosos, ricos y variados. El acceder al conocimiento de las experiencias humanas a través de los escritos es muy fácil porque no está sometido a circunstancias espacio temporales limitadoras. Basta leer. Tomar un texto y dedicarle un rato de atención.
La lectura expande el cúmulo de experiencias que caben en una vida y la enriquecen, la hacen más polifónica. Cada texto tiene muchas lecturas porque el que lee le aporta un plus de significación desde su experiencia. Como escribe Ángel Gabilondo en Darse a la lectura, “la lectura es una rememoración, que no consiste en un simple recuerdo de algo ya sucedido. La rememoración abre posibilidades, es una mímesis que no imita lo ya dicho, sino que reactiva su decir hasta el punto de potenciar que se diga lo que nunca se dijo. De ahí que cada lector sea una nueva lectura, no necesariamente del todo otra, pero sí la que brota de su propia experiencia y coyuntura personal, de su tiempo, de su vida. Y eso es más que un mero contexto, Y de ahí, asimismo, que uno pueda tener lecturas diferentes en similar medida en que su vida es una pluralidad de formas, de modos, de circunstancias. Por eso cabe decir que, en definitiva, la memoria es la gran escritora y la gran lectora. (...) Ella es ya siempre un relato en el que consta no solo el pasado, sino que incorpora el porvenir.”

 Las lecturas van aportando pluralidad de formas a la propia vida. La van haciendo más compleja y más rica.                

viernes, 16 de diciembre de 2016

FASCINACIÓN DE LA PRIMERA PALABRA LEÍDA

 “Un día  a un lado de la carretera, desde la ventanilla de un coche (no recuerdo ya el destino de aquel viaje), vi un cartel. La visión no pudo haber durado mucho tiempo; tal vez el automóvil se detuvo un instante, quizás sólo redujo la velocidad lo suficiente para que yo viera, de gran tamaño y semejantes a una aparición, formas similares a las de mi libro, pero formas que no había visto nunca antes. Supe, sin  embargo, de repente, lo que eran; las oí en mi cabeza; se metamorfosearon, dejaron de ser líneas negras y espacios blancos para convertirse en una realidad sólida, sonora, plena de significado. Todo aquello lo había hecho yo solo. Nadie había hecho por mí aquel acto de prestidigitación. Las formas y yo estábamos solos, revelándonos mutuamente en silencio, mediante un diálogo respetuoso. El haber podido transformar unas simples líneas en realidad viva, me había hecho omnipotente. Sabía leer.
Ignoro qué palabra fue la que leí en aquel cartel de hace tantos años, pero la sensación repentina de entender lo que antes sólo era capaz de contemplar es aún tan intensa como debió serlo entonces.”
Así cuenta Alberto Manguel en Una historia de la lectura (Alianza editorial) cómo quedó fascinado al comprender que sabía leer.

Pues bien, muchos educadores y muchos padres se preguntan con preocupación cómo pueden ayudar a que salte esa chispa que despierte en el niño, en su propio hijo, la curiosidad por saber qué misterio esconden los signos escritos que aparecen continuamente y de mil formas ante sus ojos. A ese insigne lector que es Alberto Manguel la primera palabra que leyó la captó en un huidizo cartel desde la ventanilla de un coche. Un grupo de madres que llevan a sus hijos al colegio Puig d’Agulles de Corbera de Llobregat me hacían esa misma pregunta. El discurso que se elabora actualmente para contestarla se centra en hacer ver que el adulto ha de participar con el niño de mil maneras en su propia aventura de búsqueda de lo que se esconde bajo cualquier signo gráfica. Está muy constatado que la afición a la lectura nace por contagio. Pero el niño sólo seguirá al adulto si éste despierta su curiosidad y le transmite entusiasmo. En estas tres palabras está la clave: contagio, curiosidad, entusiasmo.

domingo, 23 de octubre de 2016

LEER ES UN RIESGO

“Hace poco, leyendo el Tao te King, encontré un poema de Lao Tse que ha sido un nuevo disparador para repensar muchas cosas. El poema dice: «Ahuecada, la arcilla es olla; eso que no es la olla es lo útil». El hueco es lo útil. Aplicándolo a la lectura, yo diría que eso que no es el libro, es la lectura, es el acontecimiento que puede salir de ahí.” Esta pertinente reflexión que traigo a colación es de Roberto Castro.
Es verdad que hay lecturas de  muchos tipos que cumplen funciones que van desde el puro entretenimiento, pura distracción, hasta ser medio eficiente de información. Todas ellas se pueden calificar de lecturas funcionales.
Pero hay lecturas que suponen un acontecimiento existencial equiparable a un encuentro muy significativo o a una experiencia vital de primer orden, como pueden ser el amor o la muerte. Uno no sale indemne de esas lecturas que vuelven vulnerable su propia identidad. En efecto, no eres el mismo cuando has leído de verdad ciertos textos.

Pero esto sólo ocurre cuando se lee un texto sintiéndose interpelado por él y, por tanto, reaccionando con respuestas personales. Esto se produce cuando un libro nos descubre paisajes o abismos de nosotros mismos que desconocíamos completamente o que sólo sospechábamos de su existencia. George Steiner se hace esta misma reflexión con estas palabras: “Quien hay leído La metamorfosis de Kafka y sea capaz de mirarse al espejo sin arredrarse, quizá sea capaz, técnicamente, de leer los caracteres impresos, pero es analfabeto en el único sentido que realmente importa”.