jueves, 28 de junio de 2018

LECTURA REFLEXIVA: MADURACIÓN DEL PENSAMIENTO


 Una de las mayores satisfacciones que tengo como lector es la animación de una tertulia de libros de pensamiento con la que llevamos ya varios años. Una muestra de lo que vamos leyendo es la próxima lectura programada: Se trata del libro de Michael J. Sandel Justicia: ¿Hacemos los que debemos? Estas lecturas son, sin duda, la mejor maneta de madurar el pensamiento.
He aquí el texto con que presento el libro a mis colegas de tertulia.  
¿Cómo debemos actuar? ¿Cuáles son nuestros deberes hacia los demás? ¿Deben los gobiernos recaudar de los ricos para ayudar a los pobres? ¿Es justo el libre mercado? ¿Es siempre bueno decir la verdad? ¿Puede que a veces el asesinato sea moralmente necesario? ¿Es posible legislar sobre cuestiones morales?
Tan peligrosa es la noción demasiado abstracta de justicia como la hipercrítica que nos pueda paralizar. Este libro no escapa a esa ambivalencia. La formulación abstracta del término puede velar las relaciones de poder pero, por otra parte, este texto presenta preguntas muy interesantes que provocan la reflexión crítica del lector.  
Sandel plantea la problemática de la justicia  condicionado por su entorno social, económico y cultural: la Universidad de Harvard. Su argumentación es precisa pero no distingue de forma clara moral y política. Además, desde nuestra tradición, nos llama la atención que eluda hablar del capitalismo y el socialismo.  
Para él existen tres posturas respecto al tema de la justicia: la de los utilitaristas, la de los liberales y la de los comunitaristas.  
Excluye el utilitarismo y critica el enfoque de los liberales, reacios a la intervención del Estado tanto en temas de costumbres como económicos, desde una postura moralizante sin cuestionar el mercado.   
Su opción es el comunitarismo que intenta dar sentido a la vida con una narración desde la que construimos nuestra libertad. Pero ¿no será cuestionable la dimensión comunitaria de una narración que parte de una identidad supuestamente homogénea? Las narraciones comunitarias crean falsas identidades colectivas a partir de lo étnico, lo cultural o lo nacional. También provoca confusión su afirmación de que no podemos separar las convicciones morales y religiosas de las políticas.
De todas maneras, Sandel plantea problemas morales interesantes, aunque a veces sean desconcertantes porque esconde la tradición de socialismo democrático que pretende combinar las virtudes cívicas con la libertad personal.
La asignatura «Justicia» que imparte Michael J. Sandel es una de las más influyentes de la Universidad de Harvard. Más de mil alumnos abarrotan en cada sesión el aula magna para escuchar cómo este pensador, que acaba de recibir el Premio Princesa de Asturias, relaciona las grandes cuestiones de la filosofía moral con los temas polémicos de la actualidad.  

viernes, 25 de mayo de 2018

PARA QUE LOS NIÑOS NO LEAN


La lectura sigue gozando de prestigio también entre quienes no la practican. Por esa razón todos los padres desean que sus hijos lean. Sin embargo, muchos se comportan como si pretendieran lo contrario: que sus hijos aborrezcan leer.
He aquí los ingredientes para lograr que tus hijos no lean.
-Que no te vean nunca con un libro. Verás cómo ellos corren a buscar uno para ellos.
-Quítales de las manos lo que les gustaría leer, a menudo serán cómics o libros ilustrados de humor o de deporte.
-No les dejes nunca libros a su alcance no sea que se empiecen a ojear alguno, se guste y se queden sumergidos en él y no los veas más.  
-Culpaos los padres uno a otro de que los hijos no leen mientras vosotros a lo más ojeáis las páginas sociales o deportivas del periódico.
-Castígalos a no leer cómics porque no leen los libros que vosotros creéis que deben leer. .
-Deja de leerles libros antes de dormir con la excuso de que ya son mayores para leerlos solos.
-No vayas nunca con ellos a una biblioteca o una librería no sea que aprendan el camino de su perdición
-Dadles la matraca con frases como “antes leíamos más”. Al comparar ese antes evocado con lo que ven en ti en el presente se darán cuenta de la importancia que tiene realmente para ti la práctica de la lectura.  
-Cuando tengas que hacer un regalo, elige cualquier cachivache técnico pero no un libro. Eso no tiene valor suficiente  y no quedas bien haciendo ese regalo.
-Márcales el fragmento mínomo que deben leer sin haberlo leído previamente para saber si les puede picar la curiosidad o los va a aburrir soberanamente.
-Si algún hijo sale lector a pesar de este programa, has fracaso como educador. Te ha salido un hijo rebelde.

lunes, 12 de marzo de 2018

LEER PARA EMPATIZAR


La lectura es una actividad muy importante en el proceso de formación de una persona y en su desarrollo continuado. Y más si hablamos de textos literarios. Incluso los más simples están elaborados con un lenguaje que alude a significados múltiples. Su discurso es complejo y polisémico porque trata de reflejar vidas o recrearlas. Para penetrar en ellos con cierta profundidad hay que haber superado  lecturas de textos más simples.
Por otra parte, el desarrollo de cualquier historia literaria remite al lector a una confrontación con su propia experiencia y con su propia concepción de las cosas y de la vida. Leer literatura supone poner en juego un cierto grado de autoconciencia. Cuanto más rico es un texto el lector puede reconocer más repliegues de su interior que de otra manera no habría conocido. 
El narrador propone al lector, casi siempre implícitamente, un  pacto que consiste en acercarse con determinado ángulo de visión al mundo que trata de reflejar. El que lee recorre el camino de esa historia con los ojos del narrador, entra en el universo hipotético que este le pone a la vista. El lector sabe que está participando en una ficción pero de alguna forma la traslada o la compara con su propia experiencia en la vida real.
Los personajes son seres imaginarios que pueden pertenecer a otras culturas, haber vivido en otros tiempos, pueden pertenecer a otra clase social o vivir en situaciones completamente diferentes de las que vive el lector, pero este, mientras lee, penetra en esos universos. O sea, se descentra de uno mismo para penetrar en otro universo, a menudo totalmente alejado del propio. Entrar no solo en las experiencias de los personajes sino también en su mundo mental, sean estos terroristas o santos, supone un ejercicio de empatizar con ellos en situaciones que nunca ha vivido en persona. El lector que se obligado a tomar posición sobre situaciones que de otra manera nunca viviría. Eso supone un cúmulo de experiencia, logrado a través de la ficción literaria, que le puede ser muy útil para afrontar nuevos retos en su vida. 

viernes, 3 de noviembre de 2017

LEER CONTRA LA NADA

Antonio Basanta, durante muchos años editor y después director general de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, nos acaba de hacer un magnífico regalo, un libro, Leer contra la nada (Siruela). Es un texto magnífico, muy bien escrito, que no solo manifiesta la viva pasión lectora del autor sino también una aguda perspicacia para penetrar en lo que pasa en el alma de un lector y en lo que representa leer. Solo quien lo vive es capaz de transmitirlo de esa manera. Seguramente él es una de las personas que ha dedicado más esfuerzos a que sus conciudadanos leamos y que más ha reflexionado sobre la necesidad de leer para mantener una sociedad despierta.
A Antonio lo he ido viendo muy de tarde en tarde, pero siempre lo he percibido como un amigo. Y siempre me ha impactado su generosidad. A pesar de haber sido siempre una persona muy atareada y comprometida con su trabajo hasta la extenuación, me ha hecho sentirme próximo. No pùedo tener para él más que palabras de agradecimiento y quiero dejar constancia aquí de este sentimiento.
En un momento en que recoge vivas reflexiones en breves textos, transcribe un aforismo que dice que recogió en una de las bibliotecas de Bogota: “Quien lee no está haciendo algo; se está haciendo alguien.”
Sin acertar nunca a formularlo con concisión y la agudeza de un aforismo, hace muchos años que participo de esta idea. No sé calibrar hasta qué punto lo que percibo que soy lo debo mis lecturas, pero ciertamente es así. Sobre todo les debo la pervivencia en mí de una curiosidad que a muchos otros les matan los años. Cuando creo que tengo respuestas para ciertos interrogantes, leo un nuevo libro y me doy cuenta de que me han cambiado las preguntas. Debo comenzar a buscar nuevas respuestas.

Ese es el espíritu que alienta en este libro, que en la lectura tenemos la mejor manera de conjurar el vacío de la nada. A esto supongo que quiere aludir el título. Esto lo va diciendo de mil maneras. Una de ellas muy pertinente es esta: “Mujeres y hombres no somos sino seres errantes en busca de comprensión. Comprender lo que nos rodea. Comprendernos a nosotros mismos. (E intentar que  nos comprendan).”

jueves, 14 de septiembre de 2017

LA LECTURA, PRÁCTICA INICIÁTICA

En este momento en la maquinaria social subyace la idea que sociólogos como Zygmunt Bauman han analizado en el campo de la sociología, la desaparición del sujeto: «La idea que prevalece en este momento en las universidades es la de evitar las ideas (…) La clave reside en reducir el papel de lo que es individual hasta anularlo». Se dedican a formar “técnicos”.
No siempre fue así. Por ejemplo, Ricardo Piglia, refiriéndose a la formación del Che Guevara, escribe en su libro El último lector: «Hay una tensión prepolítica en la búsqueda de sentido en Guevara. (…) De hecho, ha llegado hasta ahí también porque ha vivido su vida a partir de cierto modelo de experiencia que ha leído y que busca repetir y realizar.» Viene a decir que, de alguna manera, la lectura literaria ha sustituido a la enseñanza religiosa en la construcción de una ética personal.
Los textos literarios han acumulado valiosísima experiencia social que merece ser preservada y trasmitida. Cada vez que se lee un texto que contenga esa experiencia naturalmente se trasmite. Hay ejemplos muy claros. El poeta ruso Ossip Mandelstam, antes de morir en un campo de concentración de Siberia en tiempos de Stalin, se consuela leyendo a Virgilio a sus compañeros de exilio.
En el Che Guevara esta es una pretensión buscada conscientemente. Procede de una familia burguesa pero quiere convertirse en revolucionario. Para ello necesita ser un nuevo sujeto. Los rasgos de personalidad que trata de poseer los busca en los libros. La lectura acompaña y anima esa metamorfosis. Estando en Sierra Maestra sometido a ataques de asma reclama un inhalador y un libro. Los dos tienen la misma función, reanimar el cuerpo o el espíritu.

Lo que el lector descubre en los libros son modelos para su iniciación. O sea, la lectura es una práctica iniciática. 

martes, 13 de junio de 2017

QUÉ ME HA DADO LA LECTURA

Tal vez me engaña el apego que tengo a la lectura pero los beneficios que le atribuyo son muchos. La lectura ha sido el elemento más determinante de mi vida. Me gustaría que otras personas los descubrieran. He espigado ideas de personas que atribuyen a esta actividad efectos que yo también veo en ella. Ahora son también mis ideas. Las he resumido en un breve sumario. Ya sé que hay quien dice que la lectura no engorda, ni da la felicidad… Allá cada uno con el balance que hace de su dedicación a este misterioso empeño solitario. A mí me ha compensado mucho.
-La lectura ha expandido mi yo de manera que he ido adoptando identidades más ricas que las que me concedió la biología y mi propia biografía.
-La lectura ha desarrollado y perfeccionado mi lenguaje. Si la inteligencia puede llegar hasta donde llega el lenguaje, puedo decir que tengo un recorrido más amplio que el que pude soñar.
-La lectura me ha entregado enigmas del pasado con los que he podido encarar los enigmas del presente y las aspiraciones del futuro con más inteligencia.
-La lectura me ha despertado nuevos intereses. Lo que ha impedido la esclerotización de la rutina que es la peor vejez.
-La lectura me ha abierto caminos a la creatividad y ha dado alas a mi fantasía.
- La lectura ha afinado mi capacidad de juicio porque me ha ayudado a madurar el pensamiento.
-La lectura ha aumentado mi bagaje cultural. Me ha puesto en contacto con personas, lugares, culturas que no hubiera tenido oportunidad de conocer directamente.
-La lectura me ha ayudado a penetrar en mí mismo. Muchos secretos de mi interior no se me habrían desvelado con esa herramienta que me ayuda a leer en la confusi´ñon y en la oscuridad de mi interior.
-La lectura ha enriquecido mis relaciones humanas. Las conversaciones, los contactos han tenido más peso gracias a la comunicación de descubrimientos hechos a través de la lectura.
­-La lectura me ha entretenido. Pero me ha entretenido ofreciéndome más que pura distracción elementos de atracción enriquecedores que también me entretenían.
-La lectura ha roto barreras de incomprensión y de prejuicios que me han ayudado a valorar lo que a veces, por ignorancia, despreciaba.
-La lectura ha afinado mis valores morales, aquilatándolos. A través de las lecturas he conocido modelos de vida que me han conmovido y me han impulsado a la imitación.

-La lectura me ha transformado en alguna medida. Me ha hecho disfrutar y sufrir.   

sábado, 18 de febrero de 2017

UN ROBERTO INNOCENTI POCO "INOCENTE"

Para evitar malentendidos advierto que uso inocente en el sentido de ingenuo.
Antes de abrir un libro que te ha atraído por el título, por el autor o por las promesas del contenido, te topas a veces con ciertas señales que te dan muchas claves de la carga que llevan. Esas señales acicatean el deseo de leer o lo frenan.  
No hace mucho cayó en mis manos el libro de Rossana Dedola, Roberto Innocenti. El cuento de mi vida. Editorial Kalandraka. Me atrajo el tema porque siempre me han interesado las ilustraciones de Innocenti. Además, la edición es excelente.  
Al ojear la contracubierta descubrí que el editor lo había colocado en una colección titulada Puntos Cardinales, palabras que resaltaban sobre una brújula. Esa pista me hizo ver que el editor presentaba la obra del ilustrador italiano, uno de los grandes autores de libros infantiles y Juveniles de nuestro tiempo, como un hito para ayudarnos a no perder el norte. Me hizo empezar a leer con más gusto. El libro no me defraudó. Lo leí de un tirón.
La autora hace que Innocenti cuente su trayectoria humana y artística en primera persona contestando a las preguntas que ella, profesora de la Escuela Internacional de Psicología Analítica de Zurick, le formula. Ya conocía al autor pero me daba ordenadamente las claves biográficas, estéticas e ideológicas que me ayudaron a entender mejor su trayectoria.
En este formato simple, periodístico, pero muy eficaz por la buena graduación de las preguntas aglutinadas por temas, Innocenti va desgranando sus inicios, los retos que le van surgiendo, el periplo tanto vital como artístico que le obliga incluso a salir de su espacio de confort, su país, Italia, las encrucijadas incluidas las ideológicas que marcan su historia y las opciones que toma ante ellas…
No es el lugar para analizar el libro. Solo quiero resaltar una idea. Ni el autor está infantilizado ni él infantiliza su tarea aunque la dedique en gran parte a los niños. A menudo, advierto con cierto incomodo que autores de libros infantiles –escritores e ilustradores-, con la excusa de que se dirigen a los niños, muestran una inmensa superficialidad. Dan la impresión de vivir al margen del mundo que les rodea, como si flotaran en una nube blanca en el cielo azul. Innocenti, por el contrario, muestra que las obras que crea han de estar lo más cercanas posible a la sensibilidad y a la comprensión de los niños lectores, pero él, el autor, se muestra armado de los mejores recursos técnicos e intelectuales. Este es el camino. Y esta la lección de este insigne autor.

El creador de libros para niños no puede ser ingenuo, ni superficial, ni ignorante. Tendrá que ser capaz de explicar dónde sitúa su obra como artista en el contexto del arte de su época y habrá de ser capaz de dar razón del porqué de la tarea que desarrolla en el contexto social en que trabaja.